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Educando… con el cincel del amor

20 Oct

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Enseñar no es lo mismo que educar y lo he podido descubrir al tener que ponerlo en práctica.

La EDUCACIÓN es la “EMPRESA MÁS IMPORTANTE DE LA VIDA”, en la familia dura toda la vida y la escuela acompaña en esta tarea a través de personas concretas y momentos concretos. Veo que muchas veces la escuela enseña mucho, pero educa poco. Y es que… ¡es muy difícil educar!. 

En mi experiencia con  mis sobrinos, observo que es más fácil “instruir“, “enseñar, por ejemplo, conocimiento del medio” que “ayudar a pensar“, “enseñar a querer bien al otro”, “ayudar a crecer“… EDUCAR lo entiendo mejor con extraer fuera” lo mejor que tiene la persona.

¡Qué fácil resulta enseñar!, cuando hablamos de un aprendizaje de conceptos –adaptado al propio desarrollo-.  Lo comento, por ejemplo, porque en la foto superior está la mayor de mis sobrinos realizando un esquema del sistema respiratorio -en su pizarra de usar y tirar-, simulando ser una maestra de clase, mientras yo toda orgullosa veo cómo aprende y le guío cuando me lo solicita. En cambio, estos días ha habido momentos cotidianos en los cuales no era tan sencillo solucionar los problemas o aprender la lección. Saber escuchar, tener paciencia ante los errores propios y  ajenos, enseñar y saber perdonar, saber regañar en el momento justo y elogiar en el momento adecuado, etc.

¡TODO ESTO ES UN ARTE!, un arte para el cual el “cincel” es el amor y la “escultura” es la persona.

Y es que… hay que saber amar bien, pues a veces podemos caer en un “positivismo desordenado” que quiere ocultar las imperfecciones propias y del otro. Porque amar duele, educar muchas veces duele, pues resulta más fácil guardar silencio ante una injusticia que corregir un comportamiento inadecuado “a costa” de poner en juego el amor, pues no nos suele apetecer que nos corrijan. Pero la relación si está basada en el amor y guiada por él no puede romperse. 

Amar cuando todo va bien, cuando hay fiesta, risas… ¡es fácil!. Pero amar cuando hay que tomar decisiones y elegir lo que más nos cuesta, cuando hay que corregir a quien más quieres y sufres al ver sus lágrimas… Este amor es para valientes, pues es un amor que se fija más en la otra persona que en uno mismo.

Si amar a los hijos es mayor que amar a los sobrinos, ¡qué amor más grande!. Pues es muy hermoso verles CRECER y ser parte de ese crecimiento. Un GOZO muy grande, un dolor muy pequeño que se ve compensado por una SONRISA y verles FELICES.

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