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Pedagogía del deseo

26 Sep

¿Cuántos de vosotros habéis visto a un niño ponerse de “cuclillas” para ver algo que parecía fascinarle?, ¿cuántos habéis visto a una niña la cara iluminada al ver que los Reyes Magos le han traído su juguete favorito?.

sobrinos y palomitas

Y tú, adolescente o adulto que estás leyendo estas páginas… ¿cuándo fue la última vez que se te iluminaron los ojos ante una idea o que fuiste corriendo al tren para conseguir llegar a tiempo al preestreno de una película?.

La psicología actual trata el tema de la motivación y a nivel divulgativo se puede oír decir que el alumnado está desmotivado, que aumentan los casos de depresión entre los adultos, etc.

Esta semana me daba cuenta en una de las sesiones de terapia lo “poco que deseamos” muchas veces. Le proponía soñar con su futuro y no era capaz de reconocer aquello que deseaba… por miedo a que no se cumpliera, conformándose con la mediocridad que le llenaba de tristeza. En esta cultura imbuida por el placer inmediato, se ha perdido en gran medida la capacidad de desear a lo grande, de vivir con magnanimidad.

En la labor familiar y educativa, no podemos conformarnos con los mínimos, sino que hay que buscar e involucrarse en lo que es mejor para la persona que tenemos delante. Y todo educador con cierta experiencia sabe que a veces ofrecer lo mejor pasa por privar momentáneamente de lo que “se desea ahora”, es decir, no se trata de satisfacer deseos inmediatos movidos por emociones, sino de ser capaces de llevar esos deseos a plenitud para el bien de esa persona. Un ejemplo sencillo: un niño puede pedirnos en el supermercado una bolsa de “chuches” que sabemos le apetece muchísimo pues sus ojos se iluminan y la boca se le hace agua. Pero en ese momento, sabemos que no es lo mejor para él comer esas “chuches” pues le quitarán el hambre para una adecuada alimentación. Eso sí, podemos decirle que como al día siguiente es domingo se las compramos para que al ir a casa de su primo las comparta con él. No se trata pues de dar todo lo que se nos pide, sino del ARTE DE DAR LO QUE CORRESPONDE y aprender a SUSCITAR DESEOS GRANDES. En este ejemplo concreto, enseñar que ese placer que le van a ofrecer las “chuches” es pasajero y educarle que disfrutarlas en compañía de su primo hace que ese momento “sea eterno” en cierta medida, pues es AMOR es el motor de la vida y su fin. Cuando ese dinamismo afectivo nos mueve, cuando ese deseo se ve concretado en un bien alcanzable, al llegar a cumplirse nos hace mejores y mientras llega nos va fortaleciendo. Para entender esta relación entre el deseo y el afecto, habría que dedicar más líneas, por eso luego os propongo un vídeo*.

Pienso que hoy en día la desmotivación, la distimia, la depresión… siempre que no sea por causas orgánicas de una enfermedad, acontece por la FALTA DE DESEO, pues el placer pasajero nos aliena en vez de hacernos felices.

En este sentido me parece interesante escuchar la ponencia* que D. Jesús Úbeda Moreno realizó bajo el título de: LA PEDAGOGÍA DEL DESEO. Os invito a escucharla sin prejuicios, os animo a dedicar 1h de vuestra vida para escuchar a alguien que os ofrece su experiencia. En este tweet se refleja con qué actitud me gustaría que la escuchéis:

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