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¿”Generamos” impacientes y estresados?

22 May

He leído un artículo relacionado con nuestros jóvenes, adolescentes, pues son nuestro futuro y deben ser nuestro presente. Me ha impactado y os invito a sacar vuestras propias conclusiones. Pero comparto antes mi reflexión.

Nos estamos planteando ¿cómo afectan las nuevas metodologías educativas al cerebro y cómo les está afectando la realidad social/personal? Leer que nuestros adolescentes son impacientes y están estresados no nos puede dejar indiferentes. Nos debemos plantear en toda acción educativa si educamos de manera integral para la vida o el aprendizaje está promoviendo modos de vivir desadaptativos -aunque no sea el deseo de ninguno de nosotros-. Pienso que la respuesta no está tanto en qué metodología utilizamos sino en pensar siempre: ¿por qué y para qué? Al final lo que nos mueve es la persona y siendo nuestro “objetivo” de interés debemos mantener nuestra mirada al SUJETO. Es decir, el ser humano tiene realidades medibles pero una subjetividad que debe ser tenida en cuenta. Personalmente considero las TIC y los planteamientos educativos innovadores muy interesantes, pero al final son medios, instrumentos al servicio del educador y pienso que al convertirse en fines estamos poniendo nuestra atención en el “cómo”, olvidándonos de la persona que tenemos delante.

La educación necesita tiempo. Hay planteamientos educativos que nos mueven a la adquisición rápida de destrezas, al cambio constante para estar “a la última”. Y disculpen, pero nuestros jóvenes pueden estar a la moda en ropa, música o deporte, pero la moda es pasajera, sujeta al tiempo, al marketing… Ellos no pueden pasar de moda ni ser educados según la moda actual, pues deben sostenerles planteamientos que no sean relativos.

¿Educamos para la vida “generando” sujetos impacientes? Al final nuestras acciones tienen un correlato psicofísico y ante la evidencia no caben relativismos ideológicos. Más que hablar de un cambio metodológico, por qué no repensamos el planteamiento de los clásicos: ¿qué dirían Sócrates o Platón de nuestra educación? ¿Acaso la filosofía y la antropología de la persona se nos están olvidando? Sea como fuere, vamos a vivir las consecuencias de nuestros actos y nuestra sociedad es hija de sus padres. Escuchar las conclusiones de estos científicos nos debería hacer pensar.

¿Te unes a repensar la educación? ¿Asumes una paternidad responsable? ¿Eliges ser un hijo de tu tiempo libre o víctima? La sociedad somos nosotros, en nuestra mano está educar jóvenes para la vida, para ser felices. La “paciencia es la madre de la ciencia”, educar necesita tiempo y si nos movemos por estar a la última sin poner en la innovación educativa cabeza, al final vamos a tener que asumir las consecuencias.

Ahora sí, os dejo con el artículo:

http://www.abc.es/familia/educacion/abci-cerebro-adolescentes-impaciente-y-estresado-201805181352_noticia_amp.html?__twitter_impression=true

La persona se asemeja a la naturaleza en la medida que tenemos unas leyes universales y estamos sujetos a la temporalidad. La educación es como una semilla que hay que saber cultivarla. ¿Qué paisaje recibimos y cuál queremos dejar? ¡Pensemos la educación!

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Una respuesta a “¿”Generamos” impacientes y estresados?

  1. Diego Cazzola

    22 mayo, 2018 at 08:21

    Pues creo que el artículo del ABC dice mucho y no dice nada, sobre todo por su micro extensión. Es evidente que todo afecta a nuestro cerebro, porque para eso está, para reflejar en la dimensión corporal lo que se realiza a nivel psíquico. En este sentido no es el cerebro que determina las disposiciones, sino nuestras decisiones y acciones que lo van conformando. Se puede estropear y perturbar su capacidad funcional, pero lo más importe son los criterios de vida asumidos por la persona. Los vicios que se incorporan a la vida diaria son más peligrosos.

    En el curso que recibí la semana pasada comentaba Martín F. Echeverría, por ejemplo, cómo la lujuria causaba con el tiempo embotamiento mental, la desconsideración, la inconstancia y la precipitación, así como el egoísmo, el odio a Dios y a la vida presente, introduciendo la desesperación hacia el futuro. Este vicio tan de moda corrompe no ya el cerebro, ni la psique, sino la instancia superior que nos hace radicalmente distintos de todos los demás, que es nuestro acto de ser, es decir, nuestra persona, nuestro espíritu. Eso es más preocupante porque nos lleva a la acedia y al pecado contra el Espíritu Santo y, por ende, a la condenación. El cerebro Dios lo puede sanar, pero la muerte espiritual, anclada por nuestra libertad (aunque sea mal empleada) no la puede alterar.

     

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